Unir ciencia y humanidades para descifrar al ser humano: ábrete a la II Edición del Máster en Neurociencia y Humanidades
¿Qué somos realmente? ¿Es posible comprender la mente humana observando únicamente la actividad biológica de nuestro cerebro? En la intersección donde la neurociencia más avanzada se encuentra con las preguntas más profundas de la filosofía nace la II Edición del Máster de Formación Permanente en Neurociencia y Humanidades, promovido por el Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET) de la Fundación Tatiana y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).
Este programa se sitúa en la vanguardia universitaria al ser una propuesta internacional pionera que solo cuenta con otros tres títulos similares en todo el mundo.
Como apuntaba el director del programa, el neurocientífico y filósofo Javier Bernácer , “cuando nos planteamos las grandes preguntas, no hay manera de acometerlas desde la hiperespecialización”. Bernácer enfatiza que para comprender adecuadamente el cerebro es imprescindible entenderlo dentro del conjunto de la persona, integrando la biología, la mente y la historia vital.
Una propuesta internacional para conectar disciplinas
El programa, que se imparte en modalidad online y en inglés, destaca por una estructura ágil pensada para conectar el mundo científico con el humanístico. Quienes provienen de carreras de ciencias o medicina adquieren las bases para reflexionar filosóficamente, mientras que los graduados en humanidades reciben la preparación necesaria para entender el funcionamiento del sistema nervioso. Tras esta nivelación, el grupo aborda de forma conjunta los grandes dilemas contemporáneos, como los límites de la inteligencia artificial, la conciencia o la ética de las neurotecnologías, de la mano de docentes e investigadores de prestigio internacional procedentes de universidades como Oxford, Heidelberg o California. Esta formación abre las puertas tanto a la carrera investigadora como al trabajo en comités éticos, el sector tecnológico o la divulgación científica.
Para el catedrático de la Universidad de Navarra José Ignacio Murillo, profesor responsable de la asignatura de Antropología Filosófica en el máster, la investigación científica actual padece un serio problema de atomización.
Murillo advierte que “a menudo, el estudio de la ciencia se reduce a recopilar los resultados que alcanzan los especialistas en determinados temas y falta una visión verdaderamente integradora que ponga cada cosa en su lugar y atribuya a cada pregunta y cada descubrimiento el lugar que merece”.
Frente a esta inercia, Murillo enfatiza que “resulta del todo necesario desarrollar una visión amplia —sinóptica, como diría Platón— del ser humano, tener en cuenta los diversos métodos que estudian el ser humano para evitar incurrir en reduccionismos y en simplificaciones”.
No obstante, Murillo aclara que “es muy importante tener en cuenta esta visión sapiencial a la hora de hacer investigación, pero también lo es que la antropología que se ofrece a los científicos y a los filósofos que quieren dialogar con ellos sea una antropología abierta a la experiencia, también la experiencia científica, es decir, que no se encierre en apriorismos o en concepciones ideológicas”.
En cuanto al perfil ideal de los estudiantes, Murillo señala que lo idóneo sería que todos los neurocientíficos y filósofos realizaran un programa así para demostrar que los científicos “no se encierran en su disciplina” y los filósofos “no se conforman con una visión de la filosofía como un conocimiento supuestamente puro y separado”.
Finalmente, tras la primera edición del programa, el profesor subraya que le sorprendió gratamente constatar cómo los alumnos, “a pesar de que la enseñanza es online, y, por lo tanto, no se encontraban físicamente juntos, han creado un verdadero grupo de amigos y unas relaciones de amistad que son muy importantes para desarrollar el saber, en particular los saberes más importantes y profundos”.
Ética y Neurotecnología: "No todo lo que se puede hacer se debe hacer"
Por su parte, el profesor Luca Valera (Universidad de Valladolid), docente del área de ética en el máster, pondera la aportación mutua entre ambos campos al señalar que, mientras la neurociencia ofrece a la filosofía “preguntas prácticas y retos del mundo real sobre los que reflexionar”, las humanidades brindan a la neurociencia «un fundamento teórico sólido, así como preguntas nuevas e innovadoras que pueden expandir y enriquecer la investigación».
Valera hace hincapié en el carácter riguroso de la dimensión moral al afirmar que “me gustaría que los estudiantes comprendieran que la ética no es arbitraria; está basada en un razonamiento serio y riguroso. Además, no es un conocimiento inútil o secundario; es central para la acción humana, ya que cada decisión implica valores y principios”. Por este motivo, el profesor defiende que “la ética no debe considerarse solo al final de un proceso, sino desde el mismísimo principio”.
Esta exigencia cobra una urgencia especial ante el rápido despliegue de las herramientas de intervención cerebral. Según explica Valera, “las nuevas neurotecnologías están creando escenarios sin precedentes y aumentando la tentación de dejar que la tecnología gobierne cada aspecto de nuestras vidas; sin embargo, no todo lo que se puede hacer se debe hacer”.
En este sentido, la formación interdisciplinar permite evaluar críticamente estos desarrollos tecnológicos y reflexionar sobre sus implicaciones morales.
La vivencia del alumno: Martín Aisa Gómez y la búsqueda de la verdad
Para el alumnado de la primera promoción, el paso por las aulas virtuales ha significado una transformación de gran calado. Martín Aisa Gómez, psicólogo especializado en neurociencia cognitiva, confiesa que uno de los motivos fundamentales para matricularse fue el deseo de encarar la pregunta sobre la existencia humana, señalando que “pocas preguntas, a mi parecer, dentro de la investigación (e incluso de la existencia humana) pueden ponerse a la altura del ‘¿Qué soy?’, y pocas están tan lejos de ser respondidas”.
En su reflexión sobre el equilibrio entre metodologías, Aisa Gómez afirma que “la ciencia sin filosofía puede acabar en dogmatismo; la filosofía sin ciencia puede acabar en especulación”, añadiendo que “tener la valentía de explicar lo que, para mí, supone la pregunta más trascendente y difícil de responder de la actualidad era algo espectacular, y fue justamente lo que me encontré”.
Tras cursar el máster, Aisa Gómez sostiene que su forma de entender el cerebro y la mente es ahora “mucho más escéptica y crítica”, habiendo comprendido que “los resultados que arroja la ciencia pueden significar mucho menos (y en otras ocasiones, mucho más) de lo que en un principio pueda parecer”. Para este estudiante, “solo percibiendo la ciencia y la filosofía juntas, y dándole a ambas la importancia que realmente tienen, puede concebirse el ser humano de una forma verdaderamente sincera”.
De cara a su desarrollo investigador, Martín Aisa Gómez confía en que los conocimientos adquiridos supongan un “faro de verdad y prioridad dentro de lo que será mi vida como investigador”.
El estudiante reflexiona sobre cómo “hoy en día es muy sencillo perderse, dejarse llevar, acomodarse… y aún más en las constrictivas y duras lindes de la investigación”, donde “la financiación, el prestigio y la burocracia parecen estar nublando lo que siempre ha sido definido como ‘la búsqueda de la verdad’”. Por ello, espera que esta formación le ayude a “ver siempre la dirección que debe ser seguida» y a «no disolverme entre el resto de intereses ajenos al conocimiento propiamente dicho”.
Aisa Gómez concluye recomendando sin dudar la matriculación a quienes busquen estar en “la vanguardia de lo que la ciencia que trata de explicar al ser humano debería ser”.
