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Neurotecnología y humanismo: el legado de la Escuela de Salamanca cinco siglos después

En el marco del World Law Congress 2025, celebrado en República Dominicana, el panel “Desafíos legales de la neurotecnología”, impulsado por la Fundación Tatiana, analizó cómo las tecnologías que interactúan con la actividad cerebral están transformando sectores tan diversos como la salud, la educación, la justicia, el trabajo o la seguridad. El debate fue moderado por José Manuel Muñoz, responsable de Ética de la Neurotecnología del Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET), de la Fundación Tatiana. Muñoz abrió la sesión subrayando la urgencia de desarrollar principios éticos y marcos jurídicos adecuados para afrontar estos cambios.

El panel reunió a expertos de renombre internacional, que dialogaron sobre los principales retos éticos, jurídicos y sociales que plantean los rápidos avances de la neurotecnología:

Álvaro Matud

Álvaro Matud

Director académico y de relaciones institucionales de la Fundación Tatiana, y miembro de la junta directiva del CINET

Ramiro Orias

Ramiro Orias

Coordinador de la primera declaración supranacional sobre ética de las neurotecnologías en el Comité Jurídico Interamericano de la Organización de Estados Americanos (OEA)

Gabriel Lázaro Muñoz

Gabriel Lázaro Muñoz

Psiquiatra, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard y miembro del Centro de Bioética de la Universidad de Harvard

Gabriela Ramos

Gabriela Ramos

Economista y diplomática mexicana, subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO

el legado de la Escuela de Salamanca cinco siglos después

¿Qué entendemos por neurotecnologías?

Antes de iniciar el diálogo, José Manuel Muñoz, como moderador, ofreció una definición clara y accesible para el público de las neurotecnologías, que incluyen todas las técnicas capaces de leer, registrar o manipular la actividad del sistema nervioso, ya sea en su dimensión anatómica, fisiológica o funcional. Más adelante mencionó que muchos científicos utilizan la metáfora de que estas tecnologías permiten “leer o escribir en el cerebro” como una forma de describir, de manera divulgativa, su capacidad para registrar o modular la actividad neuronal. Con esta base conceptual, el panel se adentró en las profundas implicaciones éticas, jurídicas y sociales de una tecnología que empieza a interactuar directamente con los procesos mentales.

Álvaro Matud, director de relaciones institucionales y académicas de la Fundación Tatiana inició su intervención encuadrando las raíces del interés de la Fundación por la neurociencia y la neurotecnología, una década atrás, con la financiación de investigación puntera (contratos predoctorales, proyectos y foros internacionales) que puso de manifiesto que la neurociencia no puede avanzar sin integrar la visión completa del ser humano.

Muchos neurocientíficos, explicó Álvaro Matud, redescubren al final de su carrera que el cerebro no puede entenderse solo desde la fragmentación del dato, sino integrando biología, mente, conducta y experiencia humana. De esa constatación nació el Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET), concebido para un diálogo constante entre neurociencia, psicología, filosofía, derecho, ética, ingeniería y humanidades, que recoge la neurociencia de la ética y la ética de la neurociencia como vías complementarias.

A continuación, Alvaro Matud describió el auge de la neurotecnología, como técnicas de registro y estimulación cerebral, interfaces cerebro‑ordenador, estimulación cerebral profunda (deep brain stimulation, DBS) y su convergencia con la inteligencia artificial. Un avance con enorme potencial terapéutico, pero que también supone riesgos inauditos para la privacidad mental, la identidad y la autonomía.

 

Para afrontarlo, trazó un paralelismo con la Escuela de Salamanca, el gran movimiento intelectual que hace cinco siglos, con el descubrimiento de América, encaró un cambio de era (nuevos mundos, tecnologías y dilemas jurídicos) comparable al presente respecto a la irrupción de la inteligencia artificial. En el contexto de la irrupción de la neurotecnología y la inteligencia artificial, Álvaro Matud destacó cinco lecciones esenciales extraídas del paralelismo con la Escuela de Salamanca.

 

En primer lugar, señaló la importancia de la interdisciplinariedad, ya que ninguna disciplina por sí sola puede resolver los dilemas que implica intervenir en el cerebro humano. También subrayó la necesidad de una visión internacional y cooperación global, pues la regulación debe armonizar los esfuerzos nacionales y multilaterales para afrontar los desafíos éticos y jurídicos de estas tecnologías. Asimismo, remarcó la independencia frente a poderes políticos y económicos, reclamando transparencia y responsabilidad ante el poder tecnológico acumulado por empresas y estados. Insistió también en el realismo basado en evidencia, que implica evitar futurismos y alarmismos, y apostar por una regulación fundamentada en los avances reales. Finalmente, enfatizó la centralidad de la dignidad humana, recordando que el progreso solo tiene sentido si pone a la persona en el centro de cualquier desarrollo tecnológico.

Ávaro Matud cerró su intervención subrayando que en el “cambio de era” actual solo un enfoque humanista, crítico e internacional permitirá maximizar beneficios y minimizar riesgos de la inteligencia artificial.

Regulación global

Tras la intervención de Álvaro Matud, José Manuel Muñoz recordó que estos desafíos ya se están abordando a escala internacional e introdujo la Recomendación sobre ética de las neurotecnologías, entonces aún en fase de borrador, que la UNESCO aprobó en noviembre de 2025, convirtiéndose en la primera norma mundial para esta tecnología de vanguardia. Esta Recomendación establece salvaguardas esenciales para asegurar que la neurotecnología contribuya a mejorar la vida de quienes más la necesitan, sin poner en peligro los derechos humanos.

La siguiente participante en tomar la palabra fue Gabriela Ramos, economista, diplomática y funcionaria internacional mexicana, subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas en la UNESCO desde 2020. Ramos aportó la perspectiva internacional y normativa, señalando el ritmo vertiginoso de este nuevo campo. Destacó que entre 2000 y 2021 las publicaciones sobre neurociencia y neurotecnología se multiplicaron por 35, con una concentración geográfica acusada en EE. UU., Reino Unido y Australia, frente a una brecha global en el sur, donde el 70% de los países no registran publicaciones.

Alertó sobre un aspecto importante, como la generación masiva de neurodatos (neural data) en interacciones digitales y el auge del neuromarketing, que perfila preferencias y emociones con alta precisión, reclamando marcos legales robustos para proteger la privacidad mental, autonomía y acceso equitativo a beneficios. Describió el proceso de la Recomendación sobre ética de las neurotecnologías, un trabajo conjunto de los comités de ética de ciencia, tecnología y bioética, un grupo de 24 expertos internacionales y una consulta pública abierta que incorporó comunidades no expertas e indígenas, para reflejar la diversidad de preocupaciones y contextos. Gabriela Ramos concluyó con una llamada a acompasar velocidad regulatoria y velocidad tecnológica, porque “las tecnologías no esperan”, señaló.

Neurotecnología y justicia

Gabriel Lázaro Muñoz, psiquiatra, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard y miembro del Centro de Bioética de la Universidad de esa universidad, expuso cómo los avances en neurotecnología implantable están transformando la vida de personas con parálisis o dificultades graves de comunicación. Ejemplos como el Link de Neuralink o el Stentrode de Synchron —ambos dispositivos que permiten controlar ordenadores o comunicarse mediante el pensamiento— ilustran este potencial. Los nuevos métodos de implantación, menos invasivos y cada vez más sofisticados, facilitan la integración de estos dispositivos en el cuerpo y su funcionamiento natural.

Sin embargo, denunció que en los ensayos clínicos, los participantes que experimentan una mejora significativa en su autonomía gracias a estos implantes, a menudo se ven obligados a devolverlos o dejan de recibir mantenimiento cuando termina el estudio. Una regresión dolorosa, porque vuelven a depender de terceros y pierden los beneficios logrados. Esto general un fuerte impacto emocional y una sensación de desprotección.

Cito el caso de Nolan Arbaugh, muy ilustrativo al respecto. Tetrapléjico a causa de un accidente, Nolan fue el primer participante humano en un ensayo clínico de Neuralink. Recibió un implante cerebral experimental que le permitió controlar el cursor de un ordenador con el pensamiento y recuperar parte de su autonomía, lo que resultó profundamente transformador para él. Durante el estudio, un fallo inesperado del dispositivo le hizo perder temporalmente el control del cursor y la independencia que le proporcionaba, afrontando una situación difícil.

Nolan es consciente de que como participante en un experimento destinado a perfeccionar la tecnología, el implante podría ser desactivado o retirado, lo que supondría afrontar un retroceso en su autonomía, con consecuencias no sólo psicológicas, sino también éticas y jurídicas. Para evitar estos daños por privación, Gabriel Lázaro Muñoz reclamó reformas legales y responsabilidades compartidas entre fabricantes, financiadores, aseguradoras y hospitales, garantizando el acceso y el mantenimiento de la tecnología cuando su beneficio está demostrado.

Los neuroderechos en el sistema interamericano

Ramiro Orias, coordinador de la primera declaración supranacional sobre ética de las neurotecnologías en el Comité Jurídico Interamericano, presentó la Declaración Interamericana sobre neurotecnologías y derechos humanos, subrayando que no existe un vacío legal, ya que los derechos vigentes, como la libertad de pensamiento, la integridad personal, la salud y la protección de datos, pueden y deben interpretarse a la luz de la nueva realidad tecnológica.

Orias defendió una concepción amplia de los neuroderechos, no como la protección del cerebro en sí, sino como una extensión de la dignidad humana y de los derechos fundamentales frente a los riesgos del desarrollo neurotecnológico. Explicó que el Comité Jurídico Interamericano optó deliberadamente por no promover nuevos tratados vinculantes en esta fase, apostando por una interpretación evolutiva del marco jurídico existente.

En ese contexto, la Declaración Interamericana sobre neurotecnologías y derechos humanos, adoptada por el Comité Jurídico Interamericano de la Organización de los Estados Americanos, articula diez principios orientadores —entre ellos privacidad, autonomía, igualdad de oportunidades y de acceso, protección reforzada de los neurodatos y mecanismos efectivos de tutela— y se inscribe en un régimen internacional en construcción, que busca avanzar progresivamente desde la ética hacia obligaciones jurídicas concretas para Estados, empresas e investigadores.

Neuroderechos en un nuevo mundo tecnológico

En su cierre, como experto y moderador, José Manuel Muñoz retomó el paralelismo con la Escuela de Salamanca y subrayó como punto crucial que los primeros debates legislativos y filosóficos sobre “neuroderechos” han surgido en Latinoamérica (Chile como pionero, seguido por otros países de la región), al igual que hace cinco siglos la región fue foco de grandes debates sobre dignidad humana. Y trazó un puente entre pasado y presente: si hace 500 años el descubrimiento de un “nuevo mundo” obligó a repensar el derecho para regular las acciones humanas, hoy el “nuevo mundo” es tecnológico y cognitivo, y quizá debamos empezar a proteger también la esfera del pensamiento, que hasta ahora había permanecido fuera del alcance de la tecnología y del derecho.

Recuadro:

Retos éticos y jurídicos de la neurotecnología

Estos son los principales retos éticos y jurídicos que los ponentes destacaron durante su debate en el panel, fruto de un análisis multidisciplinar sobre el avance de las neurotecnologías y su impacto en una sociedad en transformación.

Privacidad mental y neurodatos

Las neurotecnologías generan información cerebral extremadamente sensible. Su uso en contextos digitales o comerciales plantea interrogantes sobre cómo se recogen, quién los controla y con qué fines pueden emplearse, lo que exige salvaguardas sólidas para proteger la esfera mental.

Autonomía e identidad personal

Intervenir o interpretar la actividad cerebral puede influir en la conducta, las emociones o la toma de decisiones. Por ello, resulta esencial garantizar que estas tecnologías respeten siempre la dignidad humana y la autonomía individual.

Usos extraclínicos sin regulación suficiente

Más allá del ámbito médico, ya se aplican en entornos laborales, educativos, de seguridad vial o de consumo. Sin marcos regulatorios claros, estos usos pueden derivar en formas de vigilancia o tratamiento desigual, especialmente en colectivos vulnerables.

Marcos legales globales

Dado que estas tecnologías trascienden fronteras, se requieren principios compartidos y mecanismos efectivos de supervisión. Declaraciones y recomendaciones internacionales recientes apuntan hacia la necesidad de adaptar los derechos humanos a esta nueva realidad.

Independencia frente a intereses económicos y políticos

El poder que acumulan algunos actores públicos y privados refuerza la necesidad de transparencia, responsabilidad y control independiente para asegurar que el desarrollo de la neurotecnología beneficie al conjunto de la sociedad.

Desigualdad y acceso justo

El desarrollo de estas tecnologías está muy concentrado geográficamente. A ello se suma que algunos pacientes que participan en ensayos clínicos pierden el acceso a dispositivos que les han mejorado la vida. Garantizar igualdad de acceso constituye un reto ético central.

Sensacionalismo y desinformación

Suele difundirse la idea de que estas tecnologías pueden “leer la mente”. Los ponentes insistieron en la importancia de separar la evidencia científica real de las expectativas exageradas para evitar malentendidos sociales y decisiones políticas equivocadas. En este sentido, José Manuel Muñoz, experto en el tema, subrayó que el sensacionalismo mediático en torno a los decodificadores del habla (speech decoders) ha alimentado confusiones, ya que estos sistemas no acceden al pensamiento conceptual, sino solo a patrones de actividad premotora vinculados a la intención de producir lenguaje. Por ello, es esencial distinguir la realidad científica de la exageración mediática.